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Cita del día

jueves, 15 de septiembre de 2016

El oráculo del oasis

En Egipto en la carretera que va desde El Cairo hasta Alejandría, a medio camino se toma un desvío hacia Marsa Matruh, en la costa. Se dejan atrás los cementerios de la famosa batalla de Al-Alamein y como si fuera un milagro, después de atravesar campos aun repletos de minas de la Segunda Guerra Mundial, se llega al oasis de Siwa, hogar del oráculo de Amón.
Los griegos creían que tenía relación con Zeus.
Heródoto contó en sus crónicas como el rey Cambises II ( hijo del fundador del imperio Persa Ciro II el Grande) después de conquistar Egipto en el 525 a.C. no le gustó que el oráculo pronosticara en su contra que su conquista duraría muy poco.
Cambises II formó en Tebas un ejército de más de cincuenta mil soldados con la orden de llegarse hasta Siwa para castigar al oráculo rebelde. Una vez en marcha, los soldados se encontraban temerosos por la misión que les habían encomendado de retar a un Dios, y por marchar por una zona tan inhóspita como el desierto Líbico. Y tenían razón, porque Amón no soportó el desafío, y envió una gigantesca tormenta de arena que enterró bajo ella al ejército. Aun hoy no se sabe el lugar exacto donde sucedió todo, y los arqueólogos siguen buscando.

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Pasaron dos siglos, y esta vez fue Alejandro Magno quien quiso consultar al oráculo. Envió a un embajador.
Después de varias noches de desenfreno su amigo Hefestión murió y le quiso hacer una consulta al oráculo para saber si a su amigo lo podía elevar al rango divino para lograr su inmortalidad, ya que a pesar del poder tan grande que poseía Alejandro, no lo podía hacer sin consultar primero a los Dioses.
Amón no se lo consintió, aunque le permitió que recibiera el culto de héroe según la tradición de los griegos.
Unos años más tarde, después de fundar la ciudad de Alejandría, Alejandro quiso consultar en persona al oráculo. Partió con su séquito y sus soldados, pero nunca imaginó que la travesía iba a resultarle tan difícil y se perdió. Enmedio del desierto y sin saber qué rumbo seguir, ya se imaginaba que le iba a suceder lo mismo que al ejército Persa, pero esta vez Amón se compadeció y decidió ayudarlo. Envió a un par de cuervos que lo guiaron hasta el oasis, y una vez allí el oráculo lo recibió con todos los honores.

domingo, 21 de agosto de 2016

martes, 9 de agosto de 2016

Matrix playero

Hay quien siempre ha menospreciado las películas de ciencia -ficción, y están por supuesto equivocados, porque estas, indagan en el subconsciente, mejor que muchas otras obras.
 Incluso a veces se puede encontrar un rastro poético en ellas.
El transfondo, la imagen, la estética es lo de menos, ya que la mayoría de las veces se pueden considerar, como un aspecto secundario, y luego, algo de lo que podemos obtener un mayor sentido es, como estas historias nos ofrecen claves para poder comprender la realidad y utilizarla en nuestro propio beneficio.
Que mejor ejemplo, que el dominguero acosado,  que utiliza las llaves aprendidas en Matrix, para defender su espacio vital.    :)

viernes, 17 de junio de 2016

La ciudad y su descomposición

https://www.clubdeescritura.com/convocatoria/ver/historias-del-trabajo/9494

https://goo.gl/xKHeoy


miércoles, 25 de mayo de 2016

Metaliteratura

Metaliteratura es lo que uno escribe cuando no sabe sobre qué escribir.
Esta frase es metaliteratura.

En el cuento de Borges "La biblioteca de Babel", el infinito está representado por una biblioteca, que a su vez tiene forma de laberinto.
En "El nombre de la rosa" de Umberto Eco, la biblioteca del convento está diseñada a modo de laberinto. Biblioteca, laberinto, infinito tienen todas cierta relación, o son partes de una misma cosa. Yo pienso que adentrarte en la literatura es como adentrarte en un laberinto sin fin, en donde una vez dentro ya no puedes salir.

Sobre una .biblioteca


miércoles, 13 de abril de 2016

Cada pincelada

Un artista no pinta su cuadro en unas horas, lo pinta en todos sus años de experiencia, los que adquiere antes del momento en que empuña el pincel.
Cada pincelada es un compendio de todo lo que ha ido aprendiendo.

Un viejo templo en ruinas enmedio del desierto, abrasado por el sol. Sus piedras se muestran carcomidas por el desgaste al que lo somete la arena, arrastrada por el viento.
Hasta llegar a ese punto, el edificio primero ha tenido que florecer y gozar de un esplendor, que ahora ya añora. Flota sobre él, el recuerdo de antiguas civilizaciones olvidadas.
En su nacimiento se habría sustentado en pilares físicos y también metafóricos, metafóricos los de la creencia en una religión. También fe hacia una Diosa o Dios supremos y sus dioses menores.



David Roberts, fue un pintor romántico escocés conocido por sus acuarelas y grabados representando los monumentos egipcios y españoles.

miércoles, 16 de marzo de 2016

En un Camaro, carretera infinita.

Podría ser que fuera condiciendo un viejo Chevy camaro del 68 

en un luminoso día de primavera y por delante solo tuviera una carretera interminable entre Utah y Arizona, y mucho tiempo para recorrerla.








Al frente, majestuoso, se levantaría Monument Valley con sus mesas que parecen  los tronos de los dioses y por sus cimas, irían enredándose algunas nubes que mancharían el cielo azul esplendoroso, casi mediterráneo.

http://www.patschilling.com/pages/monumentvalley.html

Yo mientras escuchando el ronroneo del motor me sentiría pletórico, y me alegraría de estar tan lejos de la asepsia de los coches modernos, que con su aire acondicionado confunden, y ya no sabes distinguir si estas conduciendo o viendo una película.
El calor sería cada vez más intenso.
Observaría en la cuneta vendiendo artesanía, a algún indio navajo aparecido de la nada, al que el aire seco del desierto haría bailar los abalorios que habría colgado de un desvencijado toldo. 
La carretera desierta salvo algún autobús de turistas o un vehículo de los guardas del parque. Un poco más adelante al salir de una curva podría encontrar a un lado un viejo bar de carretera sin apenas coches en el aparcamiento, tal vez los de unos mormones que se habrían salido de la autopista en busca de nostalgia, o los de algunos turistas buscando bebida fría.
Ya dentro en la penumbra apreciaría que en las paredes revestidas de madera, colgarían unas fotografías descoloridas de algún western de JhonFord, con el mismo paisaje del exterior.
http://www2.gvsu.edu/kolbeke/

El camarero aburrido estaría contando un anécdota que siempre es la misma.
Yo me habría detenido porque podría tener una cita con un gangster de poca monta, que me debiese mi parte del botín después del último golpe.

Aunque después de unas horas, al ver la luz poco a poco desapareciendo mas allá de los ventanales entre demasiadas cervezas, podría ser que me diese cuenta de que el día ya cerrándose, mi compinche me habría engañado.

martes, 16 de febrero de 2016

Carpe Diem.

No sé si alguna vez alguien la ha tenido, y es la sensación de que te falta un pedazo de tu vida.
Es como un agujero en una carretera que discurre homogénea, pero que de repente se interrumpe.
A traves de muchos años, una vida lineal y sin contratiempos, y de repente, un día te levantas y ves que no es el mismo lugar en el que te acostaste y que ni siquiera el día se corresponde.
Tienes a tus amigos para que te cuenten lo que ha sucedido y tienes que creer lo que dicen, por muy absurdo que parezca.
Y luego me pregunto: ¿admitiendo que tienen razón, puedo reconocerlo como mi realidad, si para mi esto no ha sucedido nunca?
¿La experiencia marca la realidad?


Al final lo único que existe, es el momento. Hay que aprovecharlo. Carpe Diem.
 Como el instante que crea una mirada.

jueves, 11 de febrero de 2016

Los cementerios, los epitafios, las tumbas.

La mitomanía, la extraña influencia de los muertos en la vida.

Es como si nunca terminasen de marcharse del todo. Los cementerios, los epitafios, las tumbas. El peregrinaje hasta los lugares donde reposan los restos de alguien a quien hemos admirado.

Los amuletos derivados de alguien o algo que hemos mitificado. La reliquia de un santo, un vestido de Marilyn, la pluma de un escritor famoso, una casa en donde sucedieron cosas extraordinarias... Son muchas las maneras de buscar, de intentar aprehender un aura, un algo de algo o de alguien.

Una manera muy poderosa de hacerlo, es buscar en la tumba de tu ser admirado, un arbusto que le de sombra. Tomar una hoja de ese arbusto que protege la tumba, arrancarla y llevarla siempre cerca del corazón, para que nos de ánimo y fuerzas.

Pensar que hemos establecido un vínculo. El vínculo es lo que nos traspasa la fuerza. El cementerio        Pere-Lachaise en París, el que para muchos es el cementerio mas romántico del mundo, repleto de personalidades y amores imposibles.



 Otro cementerio quizás no tan espectacular es el cementerio de Montparnasse, mi preferido. Este es mucho mas tranquilo, ademas de que quizás hay un par de tumbas especiales para los mitómanos, como son la tumba de Julio Cortázar con forma de Cronopio, (un ser fantástico de la mitología del propio Julio), en donde la gente, le deja mensajes, poemas, cigarrillos, billetes de metro, y de alguna manera se advierte que Julio aun permanece muy presente en la vida de muchos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

L´ALCOIÀ, SUS CASTILLOS

Por estas tierras se asentaron los árabes durante varios siglos debido a la fertilidad de sus valles.
Hasta la llegada de Jaime I y posterior colonización por parte de cristianos llegados de Aragón, más que existir Peñalcón como ciudad, existían una serie de alquerías, (pequeños grupos de casas) desperdigadas por el campo y que se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Por aquel entonces la coexistencia fue pacífica entre las diferentes culturas, hasta que los diferentes reyes que pasaron por la zona se empeñaron en que no fuese así. La carta puebla que da fe de la creación de Peñalcón como ciudad, data del año 1276. En la ciudad aun se pueden encontrar los apellidos de algunos de los colonos que la firmaron. Miralles, Santonja etc. En aquella época (La baja Edad Media), como digo, aún no se habían fundado las ciudades que actualmente existen por la zona, y la gente vivía en caseríos apartados. Los castillos que existían se caracterizaban por tratarse de recintos pequeños que albergaban poca gente y estaban situados en lugares estratégicos. Los castillos se construyeron en lomas y lugares de difícil acceso y hasta que se construyeran en los valles, para proteger las ciudades aun habría de transcurrir mas de un siglo. Se trataban de puntos de vigilancia. Entre ellos los castillos mantenían contacto visual, de manera que se podían hacer señales y en poco tiempo en el caso de una invasión, quedaban todos bajo aviso. Estos castillos fueron abandonados hace muchos siglos y de ahi su mal estado de conservación.  Algunos ya han desaparecido. Los topónimos para nombrar los pueblos que comienzan por Al... o Beni..., son de origen árabe.




Provincia de Valencia (España)


              Castillos de la comarca. Peñalcón -Alcoy

CASTILLO DE BARCHELL
*



martes, 9 de febrero de 2016

SEIS MESES DE VIDA (relato gráfico gratuito)

SEIS MESES 
Cuando me dijeron que me quedaban seis meses de vida o a lo sumo un año, lo tuve muy claro, y me dije que no iba a dejarme ir en la cama de un hospital lleno de tubos, o en mi cama cargado de morfina hasta las cejas. Si me operaba existía una oportunidad entre cien de resolver mi problema, pero podía que directamente la palmase durante la operación o que el postoperatorio me dejase postrado hasta que llegase mi hora.
Vaya perspectivas... (Para saber como termina...)




viernes, 5 de febrero de 2016

SEIS MESES (Relato Gráfico) Para vosotros.

Mi nueva producción. Para vosotros amigos



Otra hoja, más ideas
.
El bolígrafo trazando arabescos de nuevo, esta vez sin dirección,
sin destino.
En la radio unos locutores que hablan del arte, de libros, de actualidad,
llegan nuevas ideas.
Entremedias música que enerva los sentidos, y predispone para
más ocurrencias.
Julio llamaba gato con un corazón que bombea tinta a las estilográficas,
mi gato es negro con un collar dorado y con una curiosa
historia para otro día.
El gato caminando despacio, desperezándose. Moviéndose hacia
un lado, hacia otro, doy un pequeño salto y luego me recuesto.
Ahora tengo hambre, miro a mi alrededor y no encuentro nada.
Me conformo. El gato me mira, sale de la habitación y cojo la
estilográfica para escribir algo. Escribo que soy como un surfero
que he lanzado mi tabla al mar, para ver si consigo cazar un hola,
una ola.

viernes, 29 de enero de 2016

LA NOVELA


            PRESENCIAS EN LA NOCHE :


http://www.amazon.es/Presencias-noche-Jorge-Santonja-Sala-ebook/dp/B00KQK54VE


¿Es posible que unos muchachos que juegan a llamar a los espíritus, puedan abrir sin darse cuenta una puerta al inframundo? Es más, ¿es posible, que por una casualidad, esa puerta ya la hubiese abierto unos años antes el abuelo de uno de los chicos? A partir de aquí, un ente que se materializa y adopta forma humana y que necesita absorber la vida de un chico, Luis Bonaventura, para liberarse de su maldición. Entonces intentará llevárselo a las ruinas del templo donde a través de los siglos ha morado en medio del desierto, para sacrificarlo, y para ello deja un reguero de cadáveres, que dejan una pista de lo que está sucediendo. A partir de aquí los amigos de Luis cuando se dan cuenta de lo que ocurre, intentan liberarlo y para ello comienzan una frenética carrera, contra el tiempo y contra el momento en que la luna llena llegue a su apogeo que será el momento del sacrificio. Y por supuesto el desenlace.

martes, 26 de enero de 2016

Una linterna en mi mochila

¿Porqué ahora siempre llevo una linterna en mi mochila cuando salgo de casa?
Vivo en un lugar apartado a las afueras. Mi casa por la parte de atrás da a un barranco, y por delante a una calleja angosta que la une al resto del barrio.
Esta calle está flanqueada a un lado, por tapias mas o menos altas de un grupo de casitas, y por el otro lado, por una almacén abandonado de tres alturas.

Normalmente al volver a mi casa por las noches no me cruzo con ningún vecino, porque los pocos que hay, tienen diferentes horarios, y siempre cuando llega el momento de atravesar la calle que me conduce a mi casa, al verla tan solitaria, una suerte de aprensión me invade. Tan sólo hay cien metros hasta el portal de hierro, pero para mi es como si se tratase de una distancia de cien Kilómetros.
En el dintel de la entrada, hay una pequeña luz, que brilla indefectiblemente, y que a mí, de noche me parece un faro que me indica el camino. Tengo que decir, que normalmente, las pocas farolas que alumbran el callejón son suficientes para disolver las sombras que me podrían atemorizar.
Pero un día el callejón se encontraba a oscuras, aunque el resplandor que llegaba desde otras calles lejanas de la ciudad, mejor iluminadas, permitían adivinar los contornos.
Yo sabía que de haber allí alguien escondido, no lo hubiese distinguido, pero como conocía perfectamente el lugar, encaré con decisión y sin temor el camino.
Además aprecié que a los pocos metros, mis ojos se acostumbraban con facilidad a la oscuridad, lo que hizo, que ahora ya sí perdiese todo temor.
Incluso aproximadamente a mitad de la calle, la claridad aumentaba gracias al ventanuco de un garaje que a ras de suelo, esparcía una semicircunferencia de luz rojiza.
Sin saber por qué, me dije que si necesitaba dar un grito alguien me oiría y eso me tranquilizó.
Iba pensando en eso, fijando mis ojos en el resplandor del fondo de la calle, el del portal de mi casa, cuando un golpe seco como un empujón, casi me tira al suelo.
Fue un golpe fuerte e inesperado, pero pude apreciar que no había sido contra ningún obstáculo, ya que la superficie con la que me había golpeado era ligeramente blanda... y fría. Me volví y aparte de una ligera brisa que me acariciaba el rostro, todo estaba quieto y solitario.
Mi impulso fue el de echar a correr, y no paré hasta llegar al portal.
A trompicones saqué la llave y me introduje en el hall, cerrando la puerta con fuerza tras de mí. Antes de encarar la escalera pude por lo menos apreciar que nadie me había seguido.
Y esa es la historia de porqué llevo una gran linterna, pesada, tipo las que usa la policía, por si un día se vuelve a ir la luz, o por si alguna vez necesito algo que me sirva para golpear fuerte, a algún bulto blando y frío...

miércoles, 13 de enero de 2016

Acceder a un recuerdo

Hay que tener cuidado con querer acceder a un recuerdo por medio de un lugar,porque los recuerdos se llevan encima.
Un lugar, puede generar un recuerdo, pero si atiendes a lo que encierran, o a lo que llevan prendido, cambian continuamente.
Un lugar ya nunca es el mismo que un instante antes, porque están en continuo movimiento.
Un lugar puede mantener el espacio físico, pero las gentes, los sonidos, los olores, el momento del día ... van cambiando.Y sobretodo, nosotros dentro de ese lugar, tampoco somos los mismos. Nuestra cabeza ha hecho como una fotografía, pero que por mucho que lo intentemos, ya nunca mas se repetirá exactamente.
Vuelves, y los edificios son los mismos, pero las circunstancias personales son muy diferentes, y sobre todo si ha pasado mucho tiempo.
Vuelves a una playa, un lugar de veraneo donde pasaste mucho tiempo de joven, y apenas te reconoces allí.
Vuelves buscando algo muy concreto escondido en tu cabeza, pero no lo encuentras.
Miras a tu alrededor, y te parece que lo que te hizo disfrutar allí, lo que hizo que ese lugar fuera especial, ya ha desaparecido, y comprendes que lo que viviste ya no lo podrás volver a vivir de la misma manera.
Entonces decides que ya no volverás, porque el lugar aunque en la forma sí es igual, en el fondo ha cambiado.
Comprendes que el recuerdo está en tu mente, y quizás en unas antiguas fotografías.
Ahora el secreto, acabas de descubrir, que se encuentra en ir constantemente generando recuerdos y no en querer volver a los antiguos. Y te das cuenta de que es inútil recorrer viejos paisajes, porque con ellos ya no tienes nada en común.

lunes, 21 de diciembre de 2015

EL ESPEJO BARROCO

Para comenzar, unas fotografías de una masía en los alrededores de Peñalcón, que quizás podría creerse que se trata del lugar donde transcurre el relato. O no, cada uno decide.





Una masía de unos ciento cincuenta años, la masía de los capellanes. Antigua casa de recreo de un potentado, enmedio de un paraje idílico. Y ahora el relato.










EL ESPEJO BARROCO


Este relato se compone, en el original, de dos grupos de hojas. Un grupo pertenece a una libreta corriente, comprada en cualquier papelería, y se aprecia que su antigüedad no va más allá de unos pocos años, diez a lo sumo. Es la parte 1.

La parte 2, se compone de una hoja amarilla de papel antiguo que no creo que ahora mismo se siga fabricando. Es gruesa y basta, y esta escrita con una letra irregular (seguramente hecha con una pluma bastante arcaica) y con un lenguaje en desuso. Después de consultarlo me parece que puede tener casi doscientos años.

La primera comienza así:
PARTE 1.
Finalmente voy a acudir a la cita con mi amigo Sebastián, porque según me ha dicho, se trata de un asunto demasiado delicado como para tratarlo por teléfono.
Me ha explicado que quiere consejo. Estoy desconcertado porque no entiendo muy bien qué es lo que sucede, ya que solo me ha comentado que lo que quiere, es que le dé mi parecer acerca de la relación que ha establecido con un objeto que ha llegado a sus manos. No me ha detallado nada más.
He podido saber que el objeto al que se refiere es un espejo que compró hace unos meses. Al parecer, formaba parte del mobiliario que había adquirido en un mismo lote a un anticuario, que por su edad intentaba liquidar su negocio. Lo encontró por casualidad cuando para amueblar su casa, recorrió todas las tiendas de la ciudad.
Al llamarme, el primer pensamiento que cruzó mi mente, fue que no tenía sentido que se pudiera sentir amenazado por un objeto inanimado y sin vida, y me pareció que alguna manía lo había asaltado. Sin embargo Sebastián había logrado despertar mi curiosidad, de manera que una tarde que salí temprano del trabajo, me decidí y me puse en camino.
Era una tarde plácida, en donde no corría el viento y por eso la temperatura era fresca pero agradable. Cuando quise darme cuenta ya llevaba casi una hora conduciendo. Poco a poco las edificaciones industriales que jalonaban la periferia de la ciudad, fueron siendo sustituidas por el paisaje verdoso y pardo del olivar en Noviembre. Conducía relajado, intentando calmar la impaciencia derivada del trabajo.
Al escapar del caos de la ciudad y colocar la marcha larga del coche, había obtenido un gran alivio, porque el abandonar por unas horas la metrópoli, era como una liberación. Me gustaba salir de paseo, y cuando realizaba alguna pequeña escapada como aquella, siempre me autopredisponía a que resultase agradable.
De alguna manera me obligaba a pensar que mis problemas quedaban atrás, encerrados en el laberinto de cemento en donde vivía.
Al pasar bajo un impresionante castaño que desde la cuneta cubría buena parte de la carretera, me di cuenta de que ya no debía quedar lejos la casa de Sebastián. Acababa de atravesar el cruce hacia la sierra de Mar..., y si eran lo suficientemente precisas las indicaciones que me había dado, debía tomar el segundo desvío después del área de servicio que apareció tras un recodo.
Cuando me encontré en la carretera vecinal, me llamó la atención la cantidad de gente que trabajaba recolectando aceitunas. No tuvo por qué extrañarme, pero mi espíritu eminentemente urbano, ignoraba de que se componía la vida en el campo, y era lógico puesto que yo provenía de una zona mucho mas seca, en donde solo existía la ganadería.
Por fin tras una colina surgió el pueblo que buscaba, y al ver el tamaño no creí que tuviese problemas para encontrar la casa de mi amigo, porque el villorrio no lo componían más de medio centenar de casas.
Después de un par de preguntas llegué sin problemas al lugar que iba buscando, ya que al parecer adonde me dirigía, era una dirección muy conocida por los lugareños.
El caserón, antiguo pero señorial, se levantaba a las afueras del municipio, como a un par de kilómetros. Resultó una visión impactante, con su porte altivo en medio de un paraje, que una niebla que había ido apareciendo al mismo tiempo que menguaba la luz de la tarde, iba envolviendo. Asemejaba una pintura de Friedrich, con esa intensidad romántica que descargaba en el ambiente como una especie de opresión.
Me acerqué por un camino de grava protegido por pinos centenarios, por donde las ruedas del coche hacían crujir las piedras, y me detuve bajo un frondoso nogal. Se trataba de la masía de los capellanes, una casa solariega de ciento cincuenta años pintada de color rojo, y de dos pisos de altura.
El automóvil quedó aparcado en un patio que había frente a la entrada principal. Después de pasear la mirada por la replaza, llamé a una campana que colgaba junto a un portón inmenso, y que tenía la madera medio carcomida. Mi amigo Sebastián me abrió él mismo la puerta, y me llevó por pasillos en penumbra, mientras intercambiábamos unas cuantas impresiones, hasta el primer piso que era donde se encontraba su gabinete.
Según me contó, en aquel lugar apartado no abundaban las distracciones, así que cuando se presentaba una tertulia, o un paseo campestre acompañado por algún conocido, le resultaban muy gratificantes.

Por cosas como aquellas, no pude dejar de pensar, que las gentes que vivían en lugares apartados como él, tendían a obsesionarse por lo más nimio. La falta de detalles trascendentales en su vida, los empujaba a dotar de una importancia claramente sobrevalorada cualquier hecho que se apartase un poco de lo corriente, y en Sebastián, ya lo había apreciado en más de una ocasión. Llegamos al lugar.

Al entrar en la habitación lo primero que se percibía era el espejo y la solidez de su estructura. La luna poseía algo que atraía, y no era la espléndida manera en como tenía trabajada la guarnición. Con él se había realizado un trabajo exhaustivo, que seguro se habría llevado las energías de algún hábil artesano. Por otro lado existían otros muebles en la habitación y seguramente más espléndidos, si cabe, pero era indiscutible que el que acaparaba mayor protagonismo era la luna plateada. Al tenerla enfrente, también a mí me produjo una impresión ambigua.
Rápidamente aprecié algo, y sentí que me atraía poderosamente, tanto, que inmediatamente me puse a fijar la mirada en su interior, como si se tratase de un pozo que se prolongase hacia el fondo.
El cristal estaba abrazado por un amplio marco de madera de caoba. Dos impresionantes columnas barrocas se retorcían como ofidios, y subían por los flancos hasta un capitel neoclásico. Me pareció que era un mueble construido sin un estilo definido, aunque habían buscado elaborar un objeto imponente, y lo habían conseguido. Arriba en letras góticas donde quedaban restos de pintura dorada se podía leer:
“Todo lo que se introduce, más pronto que tarde vuelve al lugar de partida”.
Aún desde lejos, se podía sentir el señorío que envolvía al espejo, y que sin quererlo, propiciaba algún tipo de ansiedad indefinible. Aunque también como llegaba predispuesto, me pareció que podía ser mi mente demasiado dada a la fabulación, la que me gastaba una mala pasada.
Sin preámbulos nos pusimos a conversar sobre el tema que nos había reunido. Sebastián pausadamente me relataba, como en su momento no dudó que la compra se trataba de toda una ganga, aunque ahora este sentimiento tenía que admitir se había invertido.
Me contó que cuando comenzó a intuir que existía un elemento inquietante en el mueble, quiso indagar más en su naturaleza y marchó a buscar al anticuario que se lo había vendido. Contó que llegó al negocio de donde lo compró con la intención de hacerle unas preguntas a su antiguo dueño, pero que encontró cerrada la tienda y ya no hubo manera de descubrir el paradero de esa persona.
Sentí en esos momentos que quizá no era la persona mas adecuada para ayudarlo, porque siempre me sucedía, que la curiosidad conseguía sobreponerse a mi lucidez.
Mi amigo me ofreció una taza de té, porque apreció mis nervios, y supongo que tuvo razón, porque el temblor de las manos me hizo mancharme la corbata roja y malva que mi esposa Marta me había regalado, y que no terminaba de gustarme porque me parecía demasiado llamativa.
Sebastián comenzó por explicarme los sentimientos que le despertaba el espejo.
Yo no acababa de encontrarme a gusto, ya que éramos dos en la habitación, pero me oprimía no sé que vaga sensación de sentirme observado, que me hacía mirar inquieto hacia todos lados.
Llegó un momento en el que Sebastián abandonó la atención que me dedicaba, para escrutar su propio reflejo en la luna, y entonces descuidadamente comenzó a hablarme.
.- Parece un espejo corriente ¿verdad?, quizás un espejo con un estilo refinado, pero aparte de eso nada que se salga de lo usual, ¿no crees?; - me dijo con voz queda, y se detuvo un momento para sorber pausadamente de su taza. La luz de la habitación la conformaba una triste lámpara que apenas esparcía luz y que hacía que me sintiese algo incómodo. Mi amigo, que por el contrario parecía que se desenvolvía perfectamente enmedio de aquella penumbra, prosiguió.
.- Si te fijas bien, cuando uno se ve reflejado, es como si lo atrapara. Es como si tomase los reflejos de la vida y queriendo intervenir en ella, en su interior, los retocase antes de devolverlos. Es como si pudiera llegar al interior de las personas, o como si buscase en nuestra alma o también como..., - hizo una pausa mostrándose inseguro acerca de lo que iba a decir -, ... como si tuviera vida y fuese un inmenso baúl que almacena recuerdos.
.-A mí me parece un espléndido mueble,- le contesté-, pero aparte de esto creo que solo mirándolo es difícil percibir nada más, y en cualquier caso creo que tú no hablas tan solo, porque hayas podido obtener de él una impresión ligera. Si me has traído hasta aquí debe ser por algo mas - mientras hablaba, decidí aflojarme el nudo de la corbata que me molestaba y dudé en quitarme, ya que me pareció que no estaba obligado a llevarla si no estaba Marta.
Entonces sin responder, y como meditando lo que iba a decir, se levanto de la silla y se dirigió hacia el mueble bar en donde sin preguntarme escanció un líquido dorado en dos pequeñas copas mientras me daba la espalda. Al mismo tiempo dejó escapar una voz temblorosa:
.- Yo sé que solamente es un objeto inanimado, - dijo Sebastián - pero hay días en que puedo pasar horas y horas contemplando su interior, como si mantuviera una conversación con él. Me siento enfrente, y busco en sus profundidades las historias que creo que guarda, pero lo que de veras me preocupa, es que creo que las encuentro. Voy a explicarte.
Mi imaginación trabaja, quiero suponer que es mi imaginación y nada más, y hace que vea imágenes a las que no encuentro explicación, porque son imágenes que parecen de otra época. Es gente muy rara la que aparece en estas ensoñaciones. Yo diría que quiere mostrarme algo, y es como si fuese mi cómplice que quisiera desvelarme alguna cosa que tiene guardada, sentimientos y escenas que a través de los casi trescientos años de antigüedad que me dijo el anticuario que poseía, hubiese visto desfilar como testigo circunstancial. Escenas que ahora quisiera reproducir.
.- He visto, quiero decir, he creído ver gente con esta apariencia... - me acercó un libro que tenia encima de la mesa, y buscando una pagina previamente marcada lo abrió por una parte que hablaba de las campañas Napoleónicas en España. Habían dos dibujos, uno un aguafuerte a plumilla y otro una acuarela representando un par de escenas de la época,- no hablo de los soldados, hablo de los civiles que aparecen aquí, sí, yo diría que es exactamente esta la indumentaria a la que me refiero, con un poco de suerte tu mismo podrías ver algo. Por eso ha sido el traerte, sobre todo, aparte de para contarte mis desvaríos.
De lo que me ha parecido siempre ver, la escena que mas se repite, es la de un personaje sentado en un sillón leyendo un libro con complacencia, e incluso diría que un día que estaba mirándolo fijamente, levantó la cabeza de su lectura y también él se dio cuenta de mi presencia desde el otro lado.
Y ya no es solo aquí en mi casa, me estoy empezando a obsesionar con el dichoso espejo, mientras trabajo o mientras estoy con los amigos. Es como si una voz me llamara recordándome que también tengo otro amigo y lo tengo demasiado abandonado.
Mi amigo Sebastián que parecía que no quería ocultarme nada, también me dijo muy seriamente:
.- He comenzado incluso un diario para que no olvidar nada de lo que me esta sucediendo. Al final ya casi no escribo ninguna cosa en él, porque no sé si es exactamente miedo, pero hay algo que me agarrota la mano cuando recuerdo las cosas que veo, y ni siquiera, la paz que me trae el campo es capaz de calmarme...

Aquí el relato de la primera parte se interrumpe porque por lo visto falta una hoja, sin embargo, a continuación era donde estaba grapada una hoja con la que yo denomino la segunda parte. La escritura en cursiva, es algo difícil de entender ya que traza arabescos y filigranas, mas propios de otra época. De hecho el encabezamiento lleva la fecha de 1821.

PARTE 2
... 12 Noviembre de 1821
Sigo con el diario, nadie sabe que lo escribo, y espero que no caiga en malas manos, porque lo que cuento alguien podría creerlo susceptible de bruj... .
Estoy sentado en mi gabinete, he descorrido la cortina y veo un paisaje dividido, por un lado por una zona boscosa, y por otro, por una serie de pequeños bancales escalonados. Hay plantados almendros y olivos y por ellos esporádicamente se dejan ver pequeñas figuras humanas que asemejan hormigas, y que no dejan de moverse y tienden mantas bajo los árboles.
Los recolectores doblan las flexibles ramas para robarles sus pequeños frutos verdes o rojizos, y van amontonando sacos junto a un carro con dos mulas.
Como eran tantas las cosas que tenia que hacer hoy, no he querido perder el tiempo y me he dirigido a la almazara del pueblo a supervisar como se presenta este año la cosecha de aceite, ya que en septiembre llovió lo justo, y las aceitunas han tomado un buen tamaño. El tiempo era ventoso y el cielo cubierto de nubes me hacía pensar todo el tiempo, en tomarme una copa de jerez, sentado junto a la lumbre.
Esta semana el pueblo se encuentra revuelto después de que los guardias han apresado hace dos noches, a unos maleantes que tenían en vilo a los cortijos de los alrededores desde el invierno anterior, y que desde que los franceses se marcharon, no había existido nada que provocara tanta expectación. Mientras aguardan juicio, en la cárcel del pueblo, no hay otro tema de conversación, y todos discuten sobre las penas que les habrán de imponer.

Esta mañana la tranquilidad del casino se ha visto rota por toda esta algarabía. Los habituales contertulios no se encuentran ajenos a la situación, habiendo dejado de lado por el momento, sus tradicionales pláticas sobre las corrientes que imperan en Europa, y se han unido al entretenimiento popular de comentar sobre los dos apresados.

Al vanidoso de Velázquez le va a ir muy bien, porque a pesar de su pretenciosidad por haber estado estudiando un par de años en la capital, no se encuentra en condiciones de discutir sobre ese nuevo movimiento que acaba de surgir llamado romanticismo, y si hay algo que le molesta, es el no poder ser el centro de las charlas del casino. Así pues, va diciendo cuantos son los años de cárcel que les van a caer, y nadie se atreve a contradecirlo.
Al llegar a casa le he dicho José el criado, que le revise las herraduras a la montura, porque parecía que el caballo cojeaba, he leído el correo del día y he saboreado un estofado de conejo sabrosísimo, que me ha regalado la cocinera para almorzar.
Estoy mirando a mi alrededor, y veo la biblioteca que aún se encuentra decorada como la dejó mi abuelo con las grandes estanterías repletas de libros, los muebles de madera envejecida y el espléndido espejo, del cual siempre me he preguntado, cual es su origen y su papel entre tanto volumen. Desde luego no es la habitación mas apropiada para lucir tan orgulloso mueble, que se pueda decir que es su lugar por excelencia, de todas maneras como se trata de una obra de arte, al principio no me importaba, e incluso de alguna manera tenia que admitir que me gustaba, ahora estoy buscando como deshacerme de él.
Evito mirarlo porque me da miedo. Esa sensación de que es como si me pidiera que le rindiera cuentas.
En este libro de Keats “La víspera de San Marcos”, he encontrado unas estrofas que entiendo que van acorde a la situación, y que aquí plasmo:

Incansable leyó, mientras su sombra
Bullía en torno, como si quisiera
llenar el aposento con las formas y los matices mas extraños,
como si una fantasmal reina de espadas
se estuviera burlando a sus espaldas
y danzara, agitando sus negras vestiduras.

Al terminar, levanto por un segundo la vista del libro y la dirijo hacia el espejo, temeroso, y el efecto se cumple de nuevo, otra vez aparece ese personaje singular que en ocasiones asoma al otro lado del cristal y que viste de forma tan extraña, sólo que ahora se encuentra acompañado por otro individuo con un llamativo pañuelo rojo y malva en el cuello, que sujeta una copa, tan insólito como el primero y que con cara de terror, me miran señalándome.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Todos somos NEO, o pasear por pasear



Las cosas cuando envejecen desde dentro no nos damos cuenta y para apreciar como pasa el tiempo, tiene que ser desde fuera, tomando distancia.
Es como sucede con los niños cuando crecen, que cuando pasas unas semanas sin ver a tu sobrino, aprecias como se ha desarrollado, como ha crecido aunque para sus padres apenas ha existido diferencia.
Los cambios que se dan en los últimos tiempos, muchas veces no nos damos cuenta de que se están produciendo, hasta que la cosa se asienta, y muchas veces desaparece.
Las cintas musicales y de vídeo, la máquina de escribir, el tocadiscos, el pasear como parte importante del crecimiento personal.
El paseo como un deambular sin prisa y sin intención, por el simple placer de dejar pasar el tiempo, y ver como transcurre la vida a tu alrededor, y cansarse y darse cuenta de que ya ha anochecido y nos están esperando para la cena.
Ese flaneur que los franceses acuñaron pero que está a punto de convertirse en un verbo sin uso.
En esta sociedad en la que sin darnos cuenta nos han introducido en el vértigo, para que atrapados por él pensemos menos. Vértigo de estar todo el tiempo haciendo cosas, siempre ocupados y a cuanta mayor velocidad mejor.
Como cuando estamos viendo la televisión, que muchas veces no nos podemos concentrar en un programa y estamos haciendo zapping por la ansiedad que nos corroe, y lo mismo sucede cuando estamos navegando en internet todo el rato abriendo ventanas, o todo el día corriendo de un lado a otro, el trabajo, los niños, tener que realizar todo tipo de transacciones burocráticas a toda prisa, y así un día tras otro, una semana tras otra.
Apenas deteniéndose, apenas sin tiempo para detenerse y cuando uno tiene un rato donde no está haciendo nada, le sucede que no se puede desacelerar, y lo recorre una sensación de desazón, como un remordimiento de que no puede dejar perder el tiempo y de que no debe quedarse parado, pensando en lo ocupado que uno es, y en la de cosas que seguro no se acuerda, pero lo están esperando. Esa programación a la que nos han sometido para hacernos sentir remordimiento por todo, por lo que hemos hecho y por lo que no hemos hecho.
Ese es el tipo de personas que propugnan desde las grandes corporaciones, y las grandes multinacionales, donde no interesa gente ociosa, que se detenga a pensar en lo que les rodea, sino gente que se deje arrastrar por el caudal humano y tecnológico, que estén todo el tiempo consumiendo, y atrapado en las novedades de la tecnología que nos proporciona un placer en nuestro cerebro, endorfinas que actúan a modo de droga, de alivio.
Al final un mundo dando vueltas a nuestro alrededor, pero que no nos dejan ver, porque vamos a tal velocidad, que el que se detiene entorpece el paso del que va detrás.
- TODOS SOMOS Neo -

viernes, 13 de noviembre de 2015

NO, al NO

NO.
Breve reflexión, sobre la palabra, "NO".
Lo primero que quiero decir, es que quizá, esta reflexión, NO tiene demasiado sentido.
Con los chicos es útil e incluso diría necesario, utilizar la palabra NO, para corregirlos y mostrarles el camino correcto.
Por otro lado un adulto NO debería utilizarla con otro, por sus connotaciones negativas, valga la redundancia. Aunque puede que se utilice para proteger algo propio, en cuyo caso es válida, sin embargo si se utiliza para referirse a algo que el otro puede o debe hacer, o NO, lo que estamos haciendo es entrometernos en los asuntos de otra persona.
Y aunque se trate de un psicólogo, de un médico, de un abogado, de un policía, deberían utilizar otras fórmulas ...
-"NO es bueno, NO le conviene, NO debería de hacer eso si no quiere un resultado negativo".
¿Qué es negativo y qué es positivo, respecto a qué se realiza la valoración? Muchas veces este tipo de personas con "carrera" pretenden ser superiores al otro,y se toman unas atribuciones que no les pertenecen, y que no les corresponden.
Nadie es superior a otro, aunque sepa más, aunque se lo crea.
Cada persona es libre y dueña de sus actos. NO es bueno vivir en el pasado dicen. ¿Y por qué, NO?,        - pregunto yo.
El presente me hace infeliz, el pasado me hace feliz, ¿acaso debo optar por la opción que me hace infeliz?
Creo que voy a hacer lo que me apetezca, lo que me da la gana. NO acepto, sus "NO".

Seguramente podría ser yo quien les diera lecciones acerca de la vida. Este soy yo. (Ojalá)

viernes, 6 de noviembre de 2015

El Susurro de la Mantis. o el placer de escribir por el placer de ser leido.

Primer capítulo de una novela que es posible que algún día termine.

Día 14. Hora 13 P.m.
El pequeño coche de alquiler se detuvo en la carretera secundaria levantando una espesa nube de polvo. Casi al instante emergió un tipo fibroso de mediana edad alto y delgado, y que vestía ropa cara de sport y que no encajaba con ese pequeño automóvil. El tipo se movía con aire nervioso mientras miraba la autovía de la que acababa de salir y se tranquilizó al ver que ningún coche lo había seguido. Observó el terreno por donde se internaba la nueva carretera en la que se encontraba, y apreció que el paisaje era casi completamente llano salvo por unas colinas en la distancia que se ondulaban con somnolencia. Por detrás de ellas una nube gris ocupaba la mitad del cielo, parecía una cortina que alguien con muy mala leche había descorrido. La nube gris era provocada por un incendio en la pequeña montaña que se levantaba junto a El Pinoso, según la radio y aunque estaba cerca el fuego aún estaba fuera de su vista, y solo se apreciaba un suave olor a chamusquina. De vez en cuando algún avión o helicóptero cruzaba el cielo, creando con su traqueteo una imperceptible ansiedad. La radio iba a cada momento informando sobre la evolución del fuego que en esos momentos estaba avanzando hacia algunas casas del extrarradio del pueblo que se habían tenido que desalojar.
En aquella parte de la provincia se alternaban densos bosques con extensas franjas donde apenas existían árboles y en donde el resto de la vegetación lo conformaban matojos pequeños o medianos de varias especies, resecos y cubiertos de polvo. En esos momentos se encontraba enmedio de una llanura donde apenas se advertían casas y la única huella del hombre era la serpiente de cemento que seccionaba el horizonte y sobre la que los automóviles pasaban a toda velocidad. El páramo estaba dividido a partes iguales por el terreno salvaje y unos pocos campos repartidos de manera aleatoria con vides perfectamente alineadas rodeando alguna casucha de labrador. Por lo demás en el cruce que tenía a su lado observaba la serie de placas oxidadas con direcciones que parecía que no llevasen a ningún lugar real y sólo apuntaban hacia una lejanía incierta.
La luz deslumbrante obligaba al tipo a cubrirse los ojos con una mano para protegerlos, era cerca del mediodía y un sol inmisericorde  provocaba uno de los días más calurosos del verano. Aunque el tipo unos años atrás había ido muchas veces, el acceso había cambiado después de la construcción de la autovía de la que acababa de salir. Por el rabillo del ojo tuvo la suerte de vislumbrar una hornacina de las que colocaban para los senderistas con un plano y se había detenido enfrente para consultarla. Una raya amarilla paralela a otra blanca pintada sobre una gran roca en un lado, certificaba que por allí discurría una senda de largo recorrido que cruzaba todo el valle. Lo había reconocido porque como tantos niños había crecido al amparo de un grupo scout, donde le habían enseñado a descifrar los mapas.
 Se había acercado hasta la estructura en madera reseca y ahora contemplaba las líneas de colores que se entrecruzaban de manera desordenada y que le parecieron una alegoría de cómo habían discurrido su vida. Dando tumbos hacia todos lados. Siguiendo las líneas de colores sobre el mapa quiso cerciorarse de que ese era el camino correcto a Monobras, la minúscula pedanía oculta en el campo levantino, y que no estaba demasiado lejos de donde se suponía el fuego estaba arrasándolo todo.
                                                                   ***
No lo podía creer, en unas horas había pasado de la felicidad más absoluta a la desolación y a la incertidumbre. Aquellos últimos meses que llevaba vividos nunca pensó que pudieran ser tan felices ni siquiera que se fueran a terminar pero de repente la vida daba un vuelco y lo dejaba en la cuerda floja. Él, que imaginaba que la infelicidad del mundo nunca lo iba a alcanzar.
Apenas había dormido, solo una cabezada en el coche y por fin sin saber adónde ir, había decidido buscar un alojamiento en Monobras, a una hora de Peñalcón, ya que sabía que en verano allí siempre existían casas vacías para los veraneantes, lo del fuego había sido un imprevisto, pero calculaba que estaba lo suficientemente lejos para que no afectase a su plan, porque necesitaba un buen refugio y ese era un lugar apartado y recóndito.
Desde la madrugada, llevaba en un bar de carretera tomando más copas y cafés de los que le convenían, y dándole vueltas a lo que ocurría, a veces de una manera absurda.
No podía volver a su casa en la costa, porque intuía que estaba metido en un buen lío y hasta que no supiese exactamente lo que había sucedido, quería permanecer fuera de la circulación por si alguien lo había visto salir de la fábrica y lo podían involucrar. Esa cámara en el lateral de la fábrica lo había dejado confundido aunque era posible que no estuviese en funcionamiento, porque de haber sido así Diana se lo habría advertido cuando trazaron el plan. Por un momento se le ocurrió pensar que tal vez Diana tampoco sabía que estaba allí y entonces habría sido su ruina. Por otro lado antes de dejarse ver quería conocer todos los detalles muerto con el que se había encontrado. Un hombre al que había ido a matar, pero que sin saber cómo ni porqué, alguien se le había adelantado. Tampoco estaba seguro de que llegado el momento se hubiese atrevido a quitarle la vida.
También necesitaba saber algo de Diana, pero no podía ponerse en contacto con ella porque en esos momentos ya debía estar acosándola la policía que habría ido a comunicarle la muerte de su esposo y era fundamental que no supiesen que se conocían para mantener sus coartadas.
Solo le quedaba una cosa por hacer, pedir ayuda, no tenía dinero ni podía utilizar la tarjeta, pero prácticamente solo tenía un amigo de confianza, Toni. Se habían criado juntos y en su momento habían compartido expectativas y sueños, y por eso ahora apelando a los viejos tiempos, era el único para contarle algo tan grave como aquello. Era capataz de una pequeña fábrica y conocía a los fabricantes textiles de la ciudad  y sabía quién era el muerto y además con sus amigos y sus contactos, seguro que ya conocería más detalles de lo sucedido. En la ciudad alguien como él siempre sabía hasta el último detalle, además esos asuntos que rompían el lento y aburrido discurrir de una ciudad pequeña corrían como la pólvora.
Necesitaba saber a qué atenerse porque en la radio y el periódico apenas habían dicho que un industrial en Peñalcón, de siglas V.M.C. había muerto en extrañas circunstancias al ser asaltado en su fábrica. 
Por otro lado después de asegurarse de que su amigo Toni entendería las indicaciones que le iba a dar, volvió a subir a su Ford que con un rugido apagado se puso en marcha.