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Cita del día

lunes, 18 de agosto de 2014

Encontrando un amuleto

En París está el Pére Lachaise, el cementerio más visitado del mundo, mucho más vistoso, pero no se trata de eso.

La tumba de Julio Cortázar está en el cementerio de Montparnasse, fuera de las rutas turísticas. A la entrada hay un mapa con los nombres de personajes célebres, Julio está casi en el centro.
El visitar un cementerio es por realizar un tributo a alguien a quien admiras, o mejor dicho rendir un tributo a alguien a quien admirabas.

Yo fui a buscar una tumba concreta, la de mi escritor favorito, y quise realizar un ritual, el mismo que Julio Cortázar, realizaba en las tumbas de los escritores que le fascinaban y visitaba. O que por lo menos me consta que realizó con Oscar Wilde y con Jhon Keats al visitar su tumba en Roma.

El ritual es muy sencillo, y no se trata más que de acercarse a la tumba prefijada y buscar una planta que deposite su sombra sobre ella, para arrancarle una hoja y guardarla cerca del corazón. Desde ese momento la hoja se convierte en un amuleto



En el caso concreto de Cortázar, tan solo el asomarse a su tumba ya resulta un espectáculo, por la cantidad de admiradores que la visitan y dejan pequeños objetos a modo de ofrenda. Cigarrillos, poemas, duraznos recogidos en los parques cercanos, mensajes, billetes de metro etc. todo cosas a las que Julio hacía referencia en sus escritos.

Cuanndo te acercas a la tumba de Julio, entre ángeles lánguidos y cruces sobrecargadas, se distingue, aliviando la austeridad del lugar un Cronopio alegre y burlón. Un personaje que parece fuera de lugar en aquel sitio, pero que representa mejor que nada como era Cortázar, un poco irreverente.

Al llegar al lugar, pretendí realizar la acción programada, pero cual fue mi fastidio al comprobar que la única planta que había cerca, era un viejo ciprés cuyas hojas se deshacían al cogerlas. (Cualquiera que conozca un ciprés sabrá a lo que me refiero), dudé en tomar un objeto cualquiera de los que había sobre la losa, pero al momento lo descarté porque me pareció una irreverencia hacía la persona que con ilusión lo hubiese dejado, y una deslealtad para con Julio. Paseé con escepticismo la mirada por el suelo buscando desesperadamente algo que llevarme al bolsillo y entonces fue cuando lo vi. Al principio no podía creerlo, pero superado el shock, rápido lo recogí. Era un bolígrafo precioso de color negro con apliques dorados en forma de flecha.



 Cada uno puede pensar lo que quiera, pero para mi resultó como uno de esos juegos fantásticos que Julio planteaba en donde sucedían cosas sin lógica. Yo que aspiro a ser escritor, encuentro un bolígrafo junto a la tumba de mi escritor favorito. No tengo que decir que desde ese día el bolígrafo se ha convertido para mí en un amuleto. Y que pienso que me pueden suceder cosas en la vida, pero para mi ninguna tendrá el valor de esta.
Este relato contiene elementos inquietantes, pero el mas inquietante de todos es que se trata de un relato real.