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Cita del día

jueves, 15 de septiembre de 2016

El oráculo del oasis

En Egipto en la carretera que va desde El Cairo hasta Alejandría, a medio camino se toma un desvío hacia Marsa Matruh, en la costa. Se dejan atrás los cementerios de la famosa batalla de Al-Alamein y como si fuera un milagro, después de atravesar campos aun repletos de minas de la Segunda Guerra Mundial, se llega al oasis de Siwa, hogar del oráculo de Amón.
Los griegos creían que tenía relación con Zeus.
Heródoto contó en sus crónicas como el rey Cambises II ( hijo del fundador del imperio Persa Ciro II el Grande) después de conquistar Egipto en el 525 a.C. no le gustó que el oráculo pronosticara en su contra que su conquista duraría muy poco.
Cambises II formó en Tebas un ejército de más de cincuenta mil soldados con la orden de llegarse hasta Siwa para castigar al oráculo rebelde. Una vez en marcha, los soldados se encontraban temerosos por la misión que les habían encomendado de retar a un Dios, y por marchar por una zona tan inhóspita como el desierto Líbico. Y tenían razón, porque Amón no soportó el desafío, y envió una gigantesca tormenta de arena que enterró bajo ella al ejército. Aun hoy no se sabe el lugar exacto donde sucedió todo, y los arqueólogos siguen buscando.

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Pasaron dos siglos, y esta vez fue Alejandro Magno quien quiso consultar al oráculo. Envió a un embajador.
Después de varias noches de desenfreno su amigo Hefestión murió y le quiso hacer una consulta al oráculo para saber si a su amigo lo podía elevar al rango divino para lograr su inmortalidad, ya que a pesar del poder tan grande que poseía Alejandro, no lo podía hacer sin consultar primero a los Dioses.
Amón no se lo consintió, aunque le permitió que recibiera el culto de héroe según la tradición de los griegos.
Unos años más tarde, después de fundar la ciudad de Alejandría, Alejandro quiso consultar en persona al oráculo. Partió con su séquito y sus soldados, pero nunca imaginó que la travesía iba a resultarle tan difícil y se perdió. Enmedio del desierto y sin saber qué rumbo seguir, ya se imaginaba que le iba a suceder lo mismo que al ejército Persa, pero esta vez Amón se compadeció y decidió ayudarlo. Envió a un par de cuervos que lo guiaron hasta el oasis, y una vez allí el oráculo lo recibió con todos los honores.