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Cita del día

Conjunto de Relatos encontrados entre los papeles de mi bisabuelo

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LOS PAPELES DE LA TORRE MORA
Supongo que la sangre se parece a la sangre, y es por eso que yo he heredado de mi bisabuelo el interés por los hechos sin explicación, unos podría llamárseles sobrenaturales, y otros tan solo misterios pendientes de ser resueltos.
Es como el truco de un mago, que son dos cosas completamente diferentes, según desde que lado lo mires.
Mi bisabuelo fue pintor, y tenía una mente abierta, lo que le hacía interesarse por todas las cosas que sucedían a su alrededor, y sobretodo por las mas curiosas o fuera de lo común por llamarlas de alguna manera.
Y esa inquietud fue la que lo convirtió en el centro de la actividad cultural de nuestra ciudad y su época (que ya es mucho si se tiene en cuenta que esta ciudad ha dado grandes artistas), y !como no¡, se dedicó a recopilar hechos que alguien contaba, o que alguien contaba a alguien, o que alguien un día oyó por casualidad.
Los guardaba en un armario de su torre mora.
Cada uno tiene su torre en donde guarda los secretos que solo él conoce. Yo ahora he descubierto esos papeles olvidados durante tantos años.


EXTRAÑA NOCHE CON BESO

Fue la noche mas extraña de mi vida y aun hoy dudo si todo sucedió realmente.


Yo por aquella época trabajando como comercial tuve que realizar un viaje de un par de días a una comarca apartada. No la conocía demasiado y entonces mi decisión fue la de dejar aparcado el coche y tomar un tren, aunque el plan albergaba un problema y era que debía realizar un trasbordo, pero aun así entendí que me compensaba.
Era el final del otoño y los días comenzaban acortar, pero antes de anochecer aun pude ver que el tren discurría por un paraje de montaña aislado pero muy bello, por lo que me alegré de haber tomado aquella decisión. La sorpresa fue que cuando bajé del tren ya eran las diez de la noche, y en la estación me dijeron que hasta las siete de la mañana siguiente, no salía el nuevo convoy. Por suerte pegado a la estación había un pequeño hostal porque aquel era un lugar apartado de la ciudad y apenas habían casas por los alrededores, aparte de un polígono industrial medio abandonado.
Al decirme en el hostal que ya habían cerrado la cocina y que solo me podían preparar un bocadillo frío, decidí que saldría a dar una vuelta, porque al llegar, desde el vagón, por en medio del polígono, me había parecido ver las luces de algún restaurante.
Ya en la calle pensando que no conocía aquello, me arrepentí un poco y estuve a punto de darme la vuelta y volver al hostal, porque el lugar se encontraba desierto y apenas si había unas pocas farolas que tampoco esparcían demasiada luz. Pero pensé que sino iba a ser una noche muy aburrida y comencé a caminar. Iba por una avenida en donde todo eran naves industriales cerradas sin cruzarme con nadie y cuando ya pensaba que las luces que había visto debía ser un error, al llegar al primer cruce, a la derecha vi unos neones a mitad de la calle que anunciaban que había un lugar donde quizás pudiera comer algo.
Sin dudarlo me dirigí hacia allí. El lugar era también una nave, pero mas antigua y no prefabricada como las de la mayoría del polígono. Esta estaba hecha de ladrillo y piedra y aprecié que debía de ser una de las más antiguas del lugar pero que la habían restaurado muy bien, y casi daba la sensación de que fuera nueva. Lo único que me llamó la atención era que no vislumbré vehículos aparcados, aunque se oía salir de dentro música de jazz y un murmullo que me hizo saber que había gente dentro.

Al entrar aprecié que no había demasiada luz, solo la proveniente de unas pequeñas lámparas en el centro de las mesas, pero pude distinguir una barra con un camarero elegantemente vestido y algunos clientes a quienes apenas se les veía la caras y luego un escenario con cuatro músicos que tocaban una música suave y una chica, la mas bella que nunca había visto, sin duda, cantando con una voz aterciopelada y dulce. Me senté en la mesa más cercana a ella y me quedé embelesado mirándola sin quitarle ojo durante toda la canción, y ella debió darse cuenta porque nada mas terminar se me acercó y me dijo:

.- Creo que te ha gustado la canción, me vas a invitar a algo? Fue un momento mágico, como si por unos instantes me hubieran desprendido de mi gris realidad para situarme en aquel marco fantástico en donde aquella chica maravillosa y etérea no podía creer que se estuviera dirigiendo a mi.

.- ¿Que te gustaría? – le dije-

.- Solo bebo vino, yo lo elegiré. – Levantó la mano y el camarero se acercó con una botella-

.- Esta bien pero yo soy una persona corriente y esta botella es demasiado cara para mi y supongo que merecerá la pena, pero aun así necesito algo a cambio.

.- Eres exigente – me dijo- Te la cambio por un beso, hay gente que por un beso mío mataría. – Me pareció que era justo-

El beso fue el más increíble que me habían dado nunca, que me darán nunca y a continuación me propuso ir a terminarnos la botella a otro lugar. En esos momentos yo creo que ya ni siquiera le respondí y salí del local tras ella con la botella en el bolsillo del abrigo. Simplemente me dejaba llevar como si me hubiera hechizado, yo iba cogido de la mano pensando en todo lo que me estaba sucediendo y caminábamos en silencio por las calles desiertas sin saber hacia donde iba, cuando al torcer una esquina una luz me alumbró directamente a los ojos dejándome traspuesto y haciendo que me tapara los ojos con las manos.

Era una linterna y desde detrás de ella una voz seria me preguntó que hacía yo por allí y de donde venía, la voz pertenecía a un par de guardas uniformados que vigilaban el polígono.

.-Venimos de ese local.

.- Venimos?- me preguntó-. Yo solo lo veo a usted –me dijo-. Miré a mi alrededor y en efecto estaba solo, no sabía donde se había metido … Y de que local dice que viene? Volví atrás unos metros sobre mis pasos y cuando iba a señalar el local del que acababa de salir no vi mas que una nave decrépita y ruinosa, sin luces y con las puertas cerradas por una cadena herrumbrosa.

No supe qué pensar ni que decir, y dudé si lo habría soñado todo.

.- Otro que ha visto cosas raras -oí que murmuraban los guardas- y no pude por menos que acercarme y tocar aquel candado polvoriento que se podía ver que nadie había abierto en muchos años. Y entendí que me acababa de suceder algo muy extraño, y más extraño aun de lo que pueda parecer, porque me llevé la mano al bolsillo y la botella de vino seguía estando allí.

NUEVO RELATO- TITULO:
SORPRESA

La provincia de alicante es una gran desconocida, porque la gente piensa de ella que no es mas que una gran playa interminable, y ahora una gran urbanización, interminable. En cualquier caso creen que se trata de un espacio llano sin accidentes montañosos apreciables, y no hay nada mas lejos de la realidad.


En el sur, quizás se adecue mas a esta plantilla, pero hacia el norte, se puede decir que es todo lo contrario, ya que hay una serie de valles que cortan la provincia horizontalmente y se internan desde el mar entre barrancos muy abruptos. Estos están repletos de pueblos medio deshabitados, debido a su orografía accidentada y a que están comunicadas por una carretera serpenteante, estrecha y demasiado incómoda, solo apta para quienes gustan de conducir sin prisas.

En uno de estos pueblos voy a concentrar mi historia en un día indefinido de Diciembre, tal y como me la contó su protagonista, el amigo de un amigo.

Al circular por este lugar uno puede apreciar que apenas se ve a nadie trabajando como agricultor. El campo está cubierto casi de manera obsesiva por olivos y almendros y esporádicamente algún tipo de árbol frutal, como cerezos, también hay alguna higuera solitaria y cerca las laderas de las colinas, bosques más o menos tupidos formados por pinos y carrascas.

El pueblo al que me refiero, cuando llega el verano se puebla de veraneantes que mantienen una casa deshabitada durante todo el año. La alquilan para la ocasión, o pertenece a algún familiar cercano fallecido. Como digo, en invierno, toda la población de estos lugares, está compuesta por una serie de ancianos que parecen esperar a que pacientemente transcurra el tiempo. Esporádicamente aparecen los ambulantes que les llevan las viandas, panadero, pescadero etc..., asi como un médico que un par de veces por semana dispensa consulta.

Nadie mas se acerca a esos pueblos fuera de temporada, y si acaso un revisor de los contadores de la luz que cada dos meses realiza su ronda para actualizar los consumos, y a él me voy a referir.

El revisor cada vez que realiza esa ruta, procura avituallarse con algo de comida porque sabe que en aquella época del año, es difícil cruzarse con algún comerciante que le venda algo.



El único con el que puede coincidir es el panadero, y aparte de él, nadie, si acaso, antes de llegar al pueblo junto a la carretera, puede acercarse a una pequeña fonda, en donde unos cuantos labriegos a media mañana, entran a comer algo y si acaso tomar un licor que les caliente el estómago.

En la carretera, un poco mas adelante, toma un cruce a la izquierda y pasa junto a un letrero sucio que pone To…

Se sube por una cuesta recta y ligeramente empinada, demasiado ancha para lo que luego resulta que es el pueblo formado por un grupo de viejas casas amontonadas, y la mayoría necesitadas de alguna reforma. Solo algunas que se utilizan para el veraneo se encuentran en perfecto estado, y por sus vivos colores, delatan que el pueblo no está totalmente abandonado.

Justo a la entrada, desviándose por una pequeña carretera asfaltada, se encuentra la depuradora, junto a la piscina que solo abre dos meses al año para atraer y complacer a los turistas y veraneantes.

El pueblo delante de la primera casa, forma una replaza que se aprovecha como aparcamiento y desde donde sale un camino que lo comunica con Beni… y que une los dos valles.

Al lector no le gusta demasiado su trabajo, sobre todo cuando lo realiza en la ciudad, pero cuando se desplaza al campo se encuentra mucho más a gusto. A él le gusta la naturaleza y los grandes espacios abiertos que atraviesa, repletos de tranquilidad.

Ya lleva varios años realizando el mismo trabajo por lo que ha trabado cierta amistad con los lugareños. Algunos habitantes de esos pueblos, a veces le regalan unas cerezas o unas manzanas, que luego lo obligan a corresponder con amabilidad, pero entiende que es como parte de un juego en el que le gusta participar. A veces tan solo es un pequeño comentario sobre el tiempo, o sobre la cosecha, o simplemente es alguna broma la que alivia la soledad.

El revisor siempre lleva prisa y siempre sigue el mismo recorrido, porque es la manera mas rápida de hacer su trabajo y al final ya conoce perfectamente cuales son las casas en donde alguien vive y en donde no hace falta llamar porque hasta que llega el estío, se encuentran deshabitadas. E incluso sobre los que permanentemente viven todo el año, sabe donde encontrarlos sino estan en sus casas. Sabe donde tienen una huerta, o sabe que a veces se acercaban hasta la fuente o hasta la casa de algún vecino. Por eso y por otras cosas, si algún dia lo invitan a café lo acepta, porque para las personas que lo invitan les resulta mas gratificante realizar la invitación que para él incluso recibirla.

Por eso no le extrañó cuando Matías el del molino le dijo que entrase a tomarse un vaso de mistela y a calentarse junto a la lumbre. Ese día el tío estaba menos hablador que de costumbre.

.- Pasa. Pasa y te tomarás algo. - Las manos le colgaban a los lados y se movía muy despacio como correspondía a alguien de su edad. La casa era muy vieja y el hombre vestía ropas remendadas y algo sucias cosas que resultaban totalmente irrelevantes en un lugar como aquel. En el zaguán del caserón hacía tanto frío como en la calle y solo al acercarse al hogar apreciaba el cambio de temperatura, entonces le llamó la atención que Matías iba solo con una camisa y que era demasiado poco para el frío.

.- No sabemos que ponernos antes de salir de casa, igual hace frio que calor, usted no tiene frío?.- se le ocurrió preguntar al lector.

.- No, no tengo frío. ¿Hace frío? – Al lector le pareció una pregunta extraña.

.- Este año las últimas lluvias mantienen los bancales intransitables y si no secan pronto caerán las aceitunas del árbol.- Dijo el lector por decir algo.

.- Yo ya hace tiempo que no recojo. – Contestó Matías. -Tómate una mistela- lo invitó.

Matías no se sirvió, lo que hizo que el lector se sintiera un poco incómodo.

.- ¿Usted no se sirve?- se le ocurrió preguntar al lector.

.- No, yo ya no bebo alcohol. – Dijo indiferente Matías y prosiguió - ¿Eres de Al… , yo allí tenía un piso en la avenida de la Hispanidad, hasta que mi hermano dijo que no íbamos nunca y que lo mejor era que lo vendiéramos. Al final somos lo que en vida hayamos hecho, porque al otro lado no nos vamos a poder llevar nada más que el recuerdo que de nosotros tengan las personas. -apurando el vaso el lector asintió y le respondió:

.- Es verdad, a veces nos preocupamos demasiado por acumular y es algo irreal - Y estrechándole la mano fría salió a terminar su trabajo.

.– ¡Ah¡, gracias y hasta la próxima.- Se despidió el lector.

.- No sé, cualquier día vuelves y ya no estoy.

El lector salió a terminar su trabajo, y continuó su recorrido hasta que se detuvo en una casa a la salida del pueblo. Era una viuda muy mayor que nunca salía de su casa y a la que también conocía desde hacía varios años, y con la que intercambió un saludo.

.- Hoy me he cruzado con pocas personas.

.- Cada vez queda menos gente, y sino rehacen la carretera del valle pronto desaparecerá el pueblo entero. – dijo la viuda.

.- Tiene toda la razón, hoy solo he encontrado a Matias el del molino y a usted.

.- ¿Matías? -Dijo con incredulidad- ¿Matías el del molino? - Quiso corroborar la viuda.

.- Sí, - dijo el lector - me ha invitado a pasar para calentarme un poco en la lumbre y a tomar una mistela.

La viuda miró la chimenea de la casa de Matías, que desde donde estaban se vislumbraba, y de la que no salía humo y la señaló:

. – ¿Aquella casa?, No hay humo.

.- Si, ya me doy cuenta, debe haberla apagado porque yo he estado hace unos 20 minutos tan solo – entonces la viuda con cara de estupor lo dijo:

.- No entiendo lo que dices, porque Matías el del molino murió hace un mes.

NUEVO RELATO

Para comenzar, unas fotografías de una masía en los alrededores de Peñalcón, que quizás podría creerse que se trata del lugar donde transcurre el relato. O no, cada uno decide.




Una masía de unos ciento cincuenta años, la masía de los capellanes. Antigua casa de recreo de un potentado, enmedio de un paraje idílico. Y ahora el relato.


EL ESPEJO BARROCO


Este relato se compone, en el original, de dos grupos de hojas. Un grupo pertenece a una libreta corriente, comprada en cualquier papelería, y se aprecia que su antigüedad no va más allá de unos pocos años, diez a lo sumo. Es la parte 1.

La parte 2, se compone de una hoja amarilla de papel antiguo que no creo que ahora mismo se siga fabricando. Es gruesa y basta, y esta escrita con una letra irregular (seguramente hecha con una pluma bastante arcaica) y con un lenguaje en desuso. Después de consultarlo me parece que puede tener casi doscientos años.

La primera comienza así:
PARTE 1.
Finalmente voy a acudir a la cita con mi amigo Sebastián, porque según me ha dicho, se trata de un asunto demasiado delicado como para tratarlo por teléfono.
Me ha explicado que quiere consejo. Estoy desconcertado porque no entiendo muy bien qué es lo que sucede, ya que solo me ha comentado que lo que quiere, es que le dé mi parecer acerca de la relación que ha establecido con un objeto que ha llegado a sus manos. No me ha detallado nada más.
He podido saber que el objeto al que se refiere es un espejo que compró hace unos meses. Al parecer, formaba parte del mobiliario que había adquirido en un mismo lote a un anticuario, que por su edad intentaba liquidar su negocio. Lo encontró por casualidad cuando para amueblar su casa, recorrió todas las tiendas de la ciudad.
Al llamarme, el primer pensamiento que cruzó mi mente, fue que no tenía sentido que se pudiera sentir amenazado por un objeto inanimado y sin vida, y me pareció que alguna manía lo había asaltado. Sin embargo Sebastián había logrado despertar mi curiosidad, de manera que una tarde que salí temprano del trabajo, me decidí y me puse en camino.
Era una tarde plácida, en donde no corría el viento y por eso la temperatura era fresca pero agradable. Cuando quise darme cuenta ya llevaba casi una hora conduciendo. Poco a poco las edificaciones industriales que jalonaban la periferia de la ciudad, fueron siendo sustituidas por el paisaje verdoso y pardo del olivar en Noviembre. Conducía relajado, intentando calmar la impaciencia derivada del trabajo.
Al escapar del caos de la ciudad y colocar la marcha larga del coche, había obtenido un gran alivio, porque el abandonar por unas horas la metrópoli, era como una liberación. Me gustaba salir de paseo, y cuando realizaba alguna pequeña escapada como aquella, siempre me autopredisponía a que resultase agradable.
De alguna manera me obligaba a pensar que mis problemas quedaban atrás, encerrados en el laberinto de cemento en donde vivía.
Al pasar bajo un impresionante castaño que desde la cuneta cubría buena parte de la carretera, me di cuenta de que ya no debía quedar lejos la casa de Sebastián. Acababa de atravesar el cruce hacia la sierra de Mar..., y si eran lo suficientemente precisas las indicaciones que me había dado, debía tomar el segundo desvío después del área de servicio que apareció tras un recodo.
Cuando me encontré en la carretera vecinal, me llamó la atención la cantidad de gente que trabajaba recolectando aceitunas. No tuvo por qué extrañarme, pero mi espíritu eminentemente urbano, ignoraba de que se componía la vida en el campo, y era lógico puesto que yo provenía de una zona mucho mas seca, en donde solo existía la ganadería.
Por fin tras una colina surgió el pueblo que buscaba, y al ver el tamaño no creí que tuviese problemas para encontrar la casa de mi amigo, porque el villorrio no lo componían más de medio centenar de casas.
Después de un par de preguntas llegué sin problemas al lugar que iba buscando, ya que al parecer adonde me dirigía, era una dirección muy conocida por los lugareños.
El caserón, antiguo pero señorial, se levantaba a las afueras del municipio, como a un par de kilómetros. Resultó una visión impactante, con su porte altivo en medio de un paraje, que una niebla que había ido apareciendo al mismo tiempo que menguaba la luz de la tarde, iba envolviendo. Asemejaba una pintura de Friedrich, con esa intensidad romántica que descargaba en el ambiente como una especie de opresión.
Me acerqué por un camino de grava protegido por pinos centenarios, por donde las ruedas del coche hacían crujir las piedras, y me detuve bajo un frondoso nogal. Se trataba de la masía de los capellanes, una casa solariega de ciento cincuenta años pintada de color rojo, y de dos pisos de altura.
El automóvil quedó aparcado en un patio que había frente a la entrada principal. Después de pasear la mirada por la replaza, llamé a una campana que colgaba junto a un portón inmenso, y que tenía la madera medio carcomida. Mi amigo Sebastián me abrió él mismo la puerta, y me llevó por pasillos en penumbra, mientras intercambiábamos unas cuantas impresiones, hasta el primer piso que era donde se encontraba su gabinete.
Según me contó, en aquel lugar apartado no abundaban las distracciones, así que cuando se presentaba una tertulia, o un paseo campestre acompañado por algún conocido, le resultaban muy gratificantes.

Por cosas como aquellas, no pude dejar de pensar, que las gentes que vivían en lugares apartados como él, tendían a obsesionarse por lo más nimio. La falta de detalles trascendentales en su vida, los empujaba a dotar de una importancia claramente sobrevalorada cualquier hecho que se apartase un poco de lo corriente, y en Sebastián, ya lo había apreciado en más de una ocasión. Llegamos al lugar.

Al entrar en la habitación lo primero que se percibía era el espejo y la solidez de su estructura. La luna poseía algo que atraía, y no era la espléndida manera en como tenía trabajada la guarnición. Con él se había realizado un trabajo exhaustivo, que seguro se habría llevado las energías de algún hábil artesano. Por otro lado existían otros muebles en la habitación y seguramente más espléndidos, si cabe, pero era indiscutible que el que acaparaba mayor protagonismo era la luna plateada. Al tenerla enfrente, también a mí me produjo una impresión ambigua.
Rapidamente aprecié algo, y sentí que me atraía poderosamente, tanto, que inmediatamente me puse a fijar la mirada en su interior, como si se tratase de un pozo que se prolongase hacia el fondo.
El cristal estaba abrazado por un amplio marco de madera de caoba. Dos impresionantes columnas barrocas se retorcían como ofidios, y subían por los flancos hasta un capitel neoclásico. Me pareció que era un mueble construido sin un estilo definido, aunque habían buscado elaborar un objeto imponente, y lo habían conseguido. Arriba en letras góticas donde quedaban restos de pintura dorada se podía leer:
“Todo lo que se introduce, más pronto que tarde vuelve al lugar de partida”.
Aún desde lejos, se podía sentir el señorío que envolvía al espejo, y que sin quererlo, propiciaba algún tipo de ansiedad indefinible. Aunque también como llegaba predispuesto, me pareció que podía ser mi mente demasiado dada a la fabulación, la que me gastaba una mala pasada.
Sin preámbulos nos pusimos a conversar sobre el tema que nos había reunido. Sebastián pausadamente me relataba, como en su momento no dudó que la compra se trataba de toda una ganga, aunque ahora este sentimiento tenía que admitir se había invertido.
Me contó que cuando comenzó a intuir que existía un elemento inquietante en el mueble, quiso indagar más en su naturaleza y marchó a buscar al anticuario que se lo había vendido. Contó que llegó al negocio de donde lo compró con la intención de hacerle unas preguntas a su antiguo dueño, pero que encontró cerrada la tienda y ya no hubo manera de descubrir el paradero de esa persona.
Sentí en esos momentos que quizá no era la persona mas adecuada para ayudarlo, porque siempre me sucedía, que la curiosidad conseguía sobreponerse a mi lucidez.
Mi amigo me ofreció una taza de té, porque apreció mis nervios, y supongo que tuvo razón, porque el temblor de las manos me hizo mancharme la corbata roja y malva que mi esposa Marta me había regalado, y que no terminaba de gustarme porque me parecía demasiado llamativa.
Sebastián comenzó por explicarme los sentimientos que le despertaba el espejo.
Yo no acababa de encontrarme a gusto, ya que éramos dos en la habitación, pero me oprimía no sé que vaga sensación de sentirme observado, que me hacía mirar inquieto hacia todos lados.
Llegó un momento en el que Sebastián abandonó la atención que me dedicaba, para escrutar su propio reflejo en la luna, y entonces descuidadamente comenzó a hablarme.
.- Parece un espejo corriente ¿verdad?, quizás un espejo con un estilo refinado, pero aparte de eso nada que se salga de lo usual, ¿no crees?; - me dijo con voz queda, y se detuvo un momento para sorber pausadamente de su taza. La luz de la habitación la conformaba una triste lámpara que apenas esparcía luz y que hacía que me sintiese algo incómodo. Mi amigo, que por el contrario parecía que se desenvolvía perfectamente enmedio de aquella penumbra, prosiguió.
.- Si te fijas bien, cuando uno se ve reflejado, es como si lo atrapara. Es como si tomase los reflejos de la vida y queriendo intervenir en ella, en su interior, los retocase antes de devolverlos. Es como si pudiera llegar al interior de las personas, o como si buscase en nuestra alma o también como..., - hizo una pausa mostrándose inseguro acerca de lo que iba a decir -, ... como si tuviera vida y fuese un inmenso baúl que almacena recuerdos.
.-A mí me parece un espléndido mueble,- le contesté-, pero aparte de esto creo que solo mirándolo es difícil percibir nada más, y en cualquier caso creo que tú no hablas tan solo, porque hayas podido obtener de él una impresión ligera. Si me has traído hasta aquí debe ser por algo mas - mientras hablaba, decidí aflojarme el nudo de la corbata que me molestaba y dudé en quitarme, ya que me pareció que no estaba obligado a llevarla si no estaba Marta.
Entonces sin responder, y como meditando lo que iba a decir, se levanto de la silla y se dirigió hacia el mueble bar en donde sin preguntarme escanció un líquido dorado en dos pequeñas copas mientras me daba la espalda. Al mismo tiempo dejó escapar una voz temblorosa:
.- Yo sé que solamente es un objeto inanimado, - dijo Sebastián - pero hay días en que puedo pasar horas y horas contemplando su interior, como si mantuviera una conversación con él. Me siento enfrente, y busco en sus profundidades las historias que creo que guarda, pero lo que de veras me preocupa, es que creo que las encuentro. Voy a explicarte.
Mi imaginación trabaja, quiero suponer que es mi imaginación y nada más, y hace que vea imágenes a las que no encuentro explicación, porque son imágenes que parecen de otra época. Es gente muy rara la que aparece en estas ensoñaciones. Yo diría que quiere mostrarme algo, y es como si fuese mi cómplice que quisiera desvelarme alguna cosa que tiene guardada, sentimientos y escenas que a través de los casi trescientos años de antigüedad que me dijo el anticuario que poseía, hubiese visto desfilar como testigo circunstancial. Escenas que ahora quisiera reproducir.
.- He visto, quiero decir, he creído ver gente con esta apariencia... - me acercó un libro que tenia encima de la mesa, y buscando una pagina previamente marcada lo abrió por una parte que hablaba de las campañas Napoleónicas en España. Habían dos dibujos, uno un aguafuerte a plumilla y otro una acuarela representando un par de escenas de la época,- no hablo de los soldados, hablo de los civiles que aparecen aquí, sí, yo diría que es exactamente esta la indumentaria a la que me refiero, con un poco de suerte tu mismo podrías ver algo. Por eso ha sido el traerte, sobre todo, aparte de para contarte mis desvaríos.
De lo que me ha parecido siempre ver, la escena que mas se repite, es la de un personaje sentado en un sillón leyendo un libro con complacencia, e incluso diría que un día que estaba mirándolo fijamente, levantó la cabeza de su lectura y también él se dio cuenta de mi presencia desde el otro lado.
Y ya no es solo aquí en mi casa, me estoy empezando a obsesionar con el dichoso espejo, mientras trabajo o mientras estoy con los amigos. Es como si una voz me llamara recordándome que también tengo otro amigo y lo tengo demasiado abandonado.
Mi amigo Sebastián que parecía que no quería ocultarme nada, también me dijo muy seriamente:
.- He comenzado incluso un diario para que no olvidar nada de lo que me esta sucediendo. Al final ya casi no escribo ninguna cosa en él, porque no sé si es exactamente miedo, pero hay algo que me agarrota la mano cuando recuerdo las cosas que veo, y ni siquiera, la paz que me trae el campo es capaz de calmarme...

Aquí el relato de la primera parte se interrumpe porque por lo visto falta una hoja, sin embargo, a continuación era donde estaba grapada una hoja con la que yo denomino la segunda parte. La escritura en cursiva, es algo difícil de entender ya que traza arabescos y filigranas, mas propios de otra época. De hecho el encabezamiento lleva la fecha de 1821.

PARTE 2
... 12 Noviembre de 1821
Sigo con el diario, nadie sabe que lo escribo, y espero que no caiga en malas manos, porque lo que cuento alguien podría creerlo susceptible de bruj... .
Estoy sentado en mi gabinete, he descorrido la cortina y veo un paisaje dividido, por un lado por una zona boscosa, y por otro, por una serie de pequeños bancales escalonados. Hay plantados almendros y olivos y por ellos esporádicamente se dejan ver pequeñas figuras humanas que asemejan hormigas, y que no dejan de moverse y tienden mantas bajo los árboles.
Los recolectores doblan las flexibles ramas para robarles sus pequeños frutos verdes o rojizos, y van amontonando sacos junto a un carro con dos mulas.
Como eran tantas las cosas que tenia que hacer hoy, no he querido perder el tiempo y me he dirigido a la almazara del pueblo a supervisar como se presenta este año la cosecha de aceite, ya que en septiembre llovió lo justo, y las aceitunas han tomado un buen tamaño. El tiempo era ventoso y el cielo cubierto de nubes me hacía pensar todo el tiempo, en tomarme una copa de jerez, sentado junto a la lumbre.
Esta semana el pueblo se encuentra revuelto después de que los guardias han apresado hace dos noches, a unos maleantes que tenían en vilo a los cortijos de los alrededores desde el invierno anterior, y que desde que los franceses se marcharon, no había existido nada que provocara tanta expectación. Mientras aguardan juicio, en la cárcel del pueblo, no hay otro tema de conversación, y todos discuten sobre las penas que les habrán de imponer.

Esta mañana la tranquilidad del casino se ha visto rota por toda esta algarabía. Los habituales contertulios no se encuentran ajenos a la situación, habiendo dejado de lado por el momento, sus tradicionales pláticas sobre las corrientes que imperan en Europa, y se han unido al entretenimiento popular de comentar sobre los dos apresados.

Al vanidoso de Velázquez le va a ir muy bien, porque a pesar de su pretenciosidad por haber estado estudiando un par de años en la capital, no se encuentra en condiciones de discutir sobre ese nuevo movimiento que acaba de surgir llamado romanticismo, y si hay algo que le molesta, es el no poder ser el centro de las charlas del casino. Así pues, va diciendo cuantos son los años de cárcel que les van a caer, y nadie se atreve a contradecirlo.
Al llegar a casa le he dicho José el criado, que le revise las herraduras a la montura, porque parecía que el caballo cojeaba, he leído el correo del día y he saboreado un estofado de conejo sabrosísimo, que me ha regalado la cocinera para almorzar.
Estoy mirando a mi alrededor, y veo la biblioteca que aún se encuentra decorada como la dejó mi abuelo con las grandes estanterías repletas de libros, los muebles de madera envejecida y el espléndido espejo, del cual siempre me he preguntado, cual es su origen y su papel entre tanto volumen. Desde luego no es la habitación mas apropiada para lucir tan orgulloso mueble, que se pueda decir que es su lugar por excelencia, de todas maneras como se trata de una obra de arte, al principio no me importaba, e incluso de alguna manera tenia que admitir que me gustaba, ahora estoy buscando como deshacerme de él.
Evito mirarlo porque me da miedo. Esa sensación de que es como si me pidiera que le rindiera cuentas.
En este libro de Keats “La víspera de San Marcos”, he encontrado unas estrofas que entiendo que van acorde a la situación, y que aquí plasmo:

Incansable leyó, mientras su sombra
Bullía en torno, como si quisiera
llenar el aposento con las formas y los matices mas extraños,
como si una fantasmal reina de espadas
se estuviera burlando a sus espaldas
y danzara, agitando sus negras vestiduras.

Al terminar, levanto por un segundo la vista del libro y la dirijo hacia el espejo, temeroso, y el efecto se cumple de nuevo, otra vez aparece ese personaje singular que en ocasiones asoma al otro lado del cristal y que viste de forma tan extraña, sólo que ahora se encuentra acompañado por otro individuo con un llamativo pañuelo rojo y malva en el cuello, que sujeta una copa, tan insólito como el primero y que con cara de terror, me miran señalándome.